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La Martita

La Martita era una cachorra preciosa que llegó a comienzos de la primavera pasada a uno de los refugios.La vimos crecer y relacionarse siempre bien con los otros ocupantes. Tenía su pequeño grupo con el que salía de excursiones continuamente por el entorno.



Al finalizar diciembre notamos que podría entrar en celo y decidimos llevarla para que la esterilizaran.Así ocurrió. La llevamos junto con La Chau para que se acompañaran. Pero, sucedió que, mientras La Chau cicatrizó rápidamente de su herida, La Martita tuvo problemas y su herida comenzó a presentar mal aspecto.

Tuvimos que dejarla en nuestra casa por espacio de una semana para administrarle diariamente antibióticos y hacerle limpieza de su herida. Fue algo inesperado lo que ocurrió. Fue como un tifón que hubiera pasado por nuestro patio: mangueras, plantas, recipientes y de un cuanto hay terminaron destrozados por el afán juguetón de nuestra visita.

Después, la devolvimos a su refugio original, cuando ya estuvo casi sanada. Pensamos que el estrés del encierro provocaba que su herida no sanase. Y así ocurrió. A los pocos días ya se encontraba recuperada y totalmente reincorporada a su grupo.

Un día de fines de abril notamos que La Martita, que siempre se caracterizó por ser barrigona y de excelente apetito, había bajado de peso y no comía como era su costumbre. La seguimos observando mientras seguía con su baja de peso.Entonces, decidimos llevarla al Centro Veterinario. Allí estuvo internada algunos días para sus exámenes. Finalmente salió el diagnóstico: distemper.

Se nos recomendó alimentación especial y tratamiento con jarabes multivitamínicos.Así lo hicimos. Comenzaba mayo y empezaron a arreciar las lluvias y los fríos.No fallamos ningún día. Durante dos semanas, con sol o lluvia alimentamos a La Martita con papillas especiales y dándole los jarabes con una jeringa.

Hasta que su deterioro la dejó postrada en una de las casas que compartió con Collarín durante toda su enfermedad

No nos quedó alternativa. Ya no fue posible alimentarla, porque no mostraba apetito y su mandíbula la tenía trabada.y los primeros síntomas de daño neurológico se comenzaban a evidenciar.La llevamos de nuevo al Centro Veterinario. Esta vez para que la hicieran dormir y así terminar con el sufrimiento que la acababa.Le dimos un beso en la frente antes de que la anestesiaran. Dejó escapar un hondo quejido y partió.

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