Pedro y Anabella

Un día en que nos encontrábamos dejando alimento y agua en el refugio que nosotros llamamos "La casa sola", apareció una hermosa perra de negro y lustroso pelaje. Detrás de ella, caminando con mucha dificultad, venía un macho de color café indefinido, muy enflaquecido y maltratado. Se acercaron al alimento pero no permitieron que los acariciáramos. La hembra huía al menor intento y el macho nos mostraba sus colmillos. Se notaba a simple vista que su experiencia con los humanos no había sido buena.


En las siguientes visitas volvimos a encontrarlos dueños y señores del refugio. El macho comenzó poco a poco a ganar peso y lograba caminar bastante más erguido. Entonces los bautizamos como Pedro y Anabella.

Después de muchos y pacientes esfuerzos logramos por fin algunos acercamientos, unas suaves caricias en sus lomos y nada más.

Una tarde, a comienzos del otoño, nos dimos cuenta de que Pedro tenía un lazo de alambre incrustado, en lo que podríamos llamar el tobillo de una de sus patas traseras. La pata estaba horriblemente hinchada y enrojecida. Fueron vanos todos los intentos para tratar de sacar el alambre. Su dolor lo volvió agresivo al punto de no dejarnos ni siquiera acercarnos para mirarlo. Ni pensar en la posibilidad de poder subirlo al auto para llevarlo a un veterinario.

Esa noche llamamos a Paulina, nuestra amiga veterinaria. Ella nos aconsejó administrarle, con mucha precaución para evitar una sobredosis, unas gotas tranquilizantes.

El día siguiente era domingo así es que pudimos ir a nuestra difícil misión con tiempo y buena luz diurna.

Pedro estaba con un genio terrible. Le dimos un trozo de pan impregnado con las gotas y un poco de paté para disimular el sabor del medicamento. Por suerte lo comió todo.

Esperamos un buen rato y de tanto en tanto observábamos la reacción de Pedro. No bajaba la guardia en ningún momento.

Entonces llegaron unos jóvenes que paseaban por el lugar. Uno de ellos, después de muchos y fallidos intentos, logró colocar un precario bozal en el hocico amenazante de Pedro. El bozal duró en su lugar sólo los segundos necesarios para introducir el alicates y cortar el grueso alambre.

¡Uff¡ Qué alivio. La pata de Pedro nos dolía casi tanto como a él.

La pata de Pedro sanó y pudo volver a caminar mejor. Con Anabella continuaron siendo inseparables amigos. Gustan de estar recostados tardes enteras en una de las casas de su nuevo refugio, al cual llegaron cuando comenzó a arreciar el frío del invierno y necesitaron más calor. Se alegran con nuestra llegada, aún cuando tengan comida y agua. Pero, la amenaza continúa presente. Sólo los más grandes y fuertes logran llegar a nosotros con los lazos cortados aprisionando sus patas. Y nuestro alicates los libera.

Lamentablemente, no todos corren la misma suerte. Los pequeños y más débiles se quedan atrapados lejos de nuestro alcance y encuentran una triste y dolorosa muerte.

Tal vez no sea justo culpar a los cazadores de conejos que dejan sus lazos y olvidan o no quieren recogerlos cuando terminan su faena. Comprendemos que hay mucha gente que caza estos animalitos para venderlos en las ferias libres o simplemente para alimentar a su familia.Los grandes culpables son todos esos "seres" que los abandonan cual bolsa de basura lanzada al camino.

Pedro y Anabella continuaron abandonados por mas de un año. Siempre juntos, iendo y viniendo. En febrero de este año, en la ocasion en que envenenaron a muchos de los ocupantes, Anabela corrio la misma suerte. Entonces, Pedro se quedo solo. Enflaquecio y contrajo sarna. Como muestra de su soledad se acerco mas a nosotros y hasta subio a nuestro auto, tal vez para sentir compañia. Los primeros dias costaba sacarlo al finalizar la vuelta, pero despues aprendio a bajar y pasado un tiempo ya no lo volvio a hacer. Se recupero. Tal vez oculto su pena, o dejo de sentirla

Al finalizar abril, Pedro desaparecio, como lo han hecho siempre los mas viejos. No lo volvimos a ver.

Nos hubiera gustado un final feliz para esta historia de abandono. No lo pudimos lograr. Solo el cariño y el cuidado que les dimos es algo asi como un pequeño consuelo..

                                                

No al maltrato