La Flaca

La Flaca vive sola. Se decidió a abandonar el refugio cuando la relación con las otras hembras se deterioró demasiado. Había tenido cachorros en julio. Sólo pudimos verlos en una ocasión. Nunca supimos qué pasó con ellos. Después de eso y cuando los hijos de la Dayana hubieron nacido, se decidió a partir. Por septiembre se asentó en un basural junto al camino. Con unos trapos y unos trozos de espuma le acomodamos una cama bajo un espino.
Después quedó preñada y sólo venía a comer y tomar agua.


No logramos ubicar dónde tenía sus crías. Un día de febrero la seguimos pacientemente y, a la distancia, pudimos ver que un pequeño cachorro la salía a recibir.
Días después volvimos. Encontramos a La Flaca junto al cadáver de su hijo. Sus aullidos lastimeros y sus intentos por lograr que “despertara” nos conmovieron. Lo movía con su hocico, tratando de hacerlo reaccionar. Pero, estaba muerto.
Posteriormente apareció la mano de Enrique para construirle una casa. La instalamos bajo el frondoso espino, mirando hacia el valle. Allí se quedó, creemos que feliz y agradecida.
En marzo, había llegado a vivir con ella un hermoso perro de quien se hizo compañera. Juntos ahuyentaban a cualquier intruso que osara acercarse. Pensando que por cuarta vez quedaría preñada y perdería a sus hijos quién sabe cómo, decidimos esterilizarla. Se recuperó bien. De vuelta a su refugio fue abandonada por su compañero. Se quedó sola, nuevamente.
Esporádicamente alguno de sus antiguos compañeros la visita. Actualmente comparte su abandono y su soledad con La Muñeca, que se hizo nuestra regalona, pero, esa es otra historia.

                                                

No al maltrato